Mi estilo de decoración: entre la Costa Brava y mis raíces
A veces nuestro estilo no se elige. Se va construyendo poco a poco con los lugares que hemos vivido, las casas que hemos conocido, los recuerdos de nuestra infancia y, sobre todo, nuestras raíces.
Yo nací en Blanes, en plena Costa Brava, pero mi historia familiar viene de mucho más lejos.
Mi padre era extremeño y mi madre andaluza. Dos tierras con una personalidad, una arquitectura y una forma de entender el hogar que, de una manera u otra, han terminado formando parte de mi manera de decorar.
Y aunque quizás nunca me había parado a pensarlo, hoy creo que muchas de las cosas que hago tienen un poquito de cada una de ellas.
Mis raíces también están en Extremadura
Mi padre llegó a Cataluña con su familia cuando era muy pequeño. Yo nunca he estado en Extremadura, así que mi relación con esa tierra no viene de haberla recorrido ni de haber vivido sus paisajes.
Pero Extremadura ha estado presente en mi vida de otra manera: a través de mi padre.
Él era soldador y, desde que era pequeña, fue quien me enseñó a utilizar las herramientas, a fabricar cosas y, sobre todo, a entender que si algo no existe como tú lo necesitas, siempre puedes intentar hacerlo.
Recuerdo hacer mesas con él. Él me preparaba las patas de hierro y yo iba dando forma a lo que queríamos crear.
También me hacía escuadras que no encontraba en ningún sitio porque no existían como yo las imaginaba. Si necesitaba algo con una forma concreta, buscábamos la manera de fabricarlo.
Creo que ahí empezó, sin que yo lo supiera, una parte muy importante de mi relación con la decoración.
Aprendí que crear también es una forma de decorar.
Aprendí que no todo tiene que salir de una tienda, que un mueble puede nacer de una idea y que las herramientas pueden convertirse en una manera de transformar aquello que imaginamos en algo real.
Quizás nunca haya estado en Extremadura, pero llevo una parte de esa tierra conmigo a través de mi padre y de todo lo que me enseñó.
La Alpujarra, una parte muy especial de mi historia
Con mi madre la historia es diferente.
Ella también llegó a Cataluña siendo muy pequeña, pero nuestra familia conserva todavía la casa de mi bisabuela en Granada, concretamente en Cádiar, en plena Alpujarra.
He tenido la suerte de poder ir allí en varias ocasiones y cada vez que vuelvo siento una conexión muy especial con ese lugar.
Me enamoran sus calles, sus casas antiguas, sus paredes, sus texturas y esa arquitectura que parece formar parte de la propia montaña.
Hay algo en esas casas que me transmite una sensación difícil de explicar: calma, autenticidad y hogar.
Me gusta pensar que allí aprendí, aunque fuera sin darme cuenta, que una casa no necesita ser perfecta para ser bonita. Necesita tener alma.
Las piedras que se utilizaban, muchas veces recogidas de los ríos; las paredes encaladas; la madera; las pequeñas imperfecciones; los materiales que envejecen y cuentan historias... Todo eso me atrae muchísimo.
Mi pasión por la madera
Creo que todas esas experiencias terminaron encontrándose en una de mis grandes pasiones: la madera.
Me encanta su tacto, sus vetas, sus diferentes tonalidades y, especialmente, que cada pieza sea diferente.
Pero mi relación con la madera va mucho más allá de utilizarla en decoración.
Me gusta trabajarla.
Hace años que creo mis propios muebles y piezas de mobiliario: mesas, cabeceros, bancos y otros elementos que nacen de una idea y terminan convirtiéndose en una pieza única.
Y quizás ahí también esté la huella de mi padre.
De aquella niña que aprendía a utilizar herramientas, que veía cómo su padre soldaba unas patas para una mesa y que descubría que las cosas podían hacerse de otra manera.
Hoy sigo teniendo esa misma curiosidad.
Si imagino un mueble de una determinada manera y no encuentro exactamente lo que busco, muchas veces prefiero pensar cómo puedo crearlo antes que renunciar a la idea.
Para mí hay algo muy especial en eso.
En saber de dónde viene una pieza, cómo se ha hecho y qué historia hay detrás de ella.
Una decoración que no necesita ser perfecta
Cuando decoro un espacio, busco que tenga personalidad.
Me gustan las casas que parecen vividas, que tienen texturas, materiales naturales y piezas que cuentan una historia.
No busco que todo combine de manera perfecta. Al contrario.
Creo que una decoración demasiado estudiada puede perder precisamente aquello que hace que una casa se sienta como un hogar.
Me gusta mezclar lo antiguo con lo nuevo, recuperar piezas, incorporar madera, fibras naturales, piedra, cerámica y textiles que aporten calidez.
Y, sobre todo, me gusta dejar espacio para las pequeñas imperfecciones.
Porque una veta irregular en la madera, una pared con textura o una pieza antigua con alguna marca del paso del tiempo no son defectos.
Son parte de su belleza.
La Costa Brava también forma parte de mí
Y aunque mis raíces familiares estén en Extremadura y Andalucía, yo soy de Blanes.
He crecido junto al Mediterráneo, rodeada de la luz de la Costa Brava, de sus paisajes y de su manera de entender la vida.
Creo que, al final, todo se mezcla.
La luz mediterránea de mi tierra, la arquitectura tradicional de la Alpujarra, las raíces extremeñas de mi familia, las enseñanzas de mi padre y mi pasión por la madera y los materiales naturales.
Todo eso ha ido construyendo, poco a poco, mi manera de entender la decoración.
No sé si podría ponerle una única etiqueta a mi estilo.
Quizás sea rústico, quizás mediterráneo, quizás una mezcla de estilos.
Pero si tuviera que definirlo con unas pocas palabras, diría que busco naturalidad, calidez, sencillez y alma.
Porque para mí decorar no consiste solamente en hacer que un espacio sea bonito.
Consiste en conseguir que, cuando alguien entre por la puerta, sienta que quiere quedarse.
Y quizás eso sea precisamente lo que he aprendido de mis raíces y de mi familia: que un hogar se construye con mucho más que muebles y objetos.
Se construye con recuerdos, con materiales, con las manos, con las personas que nos enseñaron y con todas esas pequeñas historias que, sin darnos cuenta, terminan formando parte de nosotros.
Y esa es, quizás, la esencia de Luna Decoración.

La calle de la casa de mi bisabuela.



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